Hace veinte días, aproximadamente, me iba de Pinamar hacia Necochea. En el camino, elaboraba los pensamientos y las reacciones que había tenido para con una persona. En realidad, enterraba el fantasma de una relación vieja, y comenzaba a vivir una nueva.
Me preguntaba a mí mismo, si acaso había sido cierto para conmigo también, ese pensamiento que habla de la sustitución. De aprender a cambiar una cosa por otra. Y Lo retorico de mi pregunta, se contestaba sola en la intención de poder sustituir lo que todos los seres humanos hemos de necesitar: afecto.
Durante los doscientos kilómetros de viaje, llegue a varias conclusiones. A varias terminologías, y por qué no, a varios diagnósticos de mi persona.
Me cuestione ser tan audaz, tan directo, y tan decidido, y a los cinco minutos me atribuí a mi mismo esas falencias como una virtud. Era increíble que me permitiese ser tan volátil, pero que para afuera de mi mismo, no fuese capaz de vivir absolutamente nada que no sea cierto.
Como dije en mi libro, he perseguido siempre la última verdad de las verdades. Y aunque a algunos les parezca poco, eso muchas veces puede costarte la razón, la cordura, y el corazón. Pero siempre con el eterno consuelo de saberme autentico a mí mismo.
Y en este viaje, en el que mi cabeza se comportaba como un parque de diversiones, precisamente a mitad del camino, divise a un chico pobre. Vestido de gaucho, con unas telas que serían inimaginables pensar que habían sido compradas. Estaba en una bicicleta vieja, fea, aburrida. Sus pies estaban descalzos, y su ropa empapada de absorber toda la lluvia de la cual mi auto me protegía.
Me trajo recuerdos hermosos, feos, y recurrentes. Y por eso decidí bajar la velocidad, pasar por al lado y observarlo en un costado de la ruta.
Pedaleaba despacio, como si mojarse no le importara, y a juzgar por la lejanía de las casas en el campo, le quedaban varios kilómetros por recorrer. Era evidente que vivía sumido en la pobreza económica absoluta. Y sus travesías en la ruta, me daban la pauta de que no tenía a nadie que lo cuidase y le dijese que era lo más seguro para él.
Pero lo que logro llamar mi atención, lo que logro despedazarme el alma en mil pedazos, y mirarlo como quien mira una vaca entrando al matadero, sabiendo su fatal destino, era verlo sonreír y cantar.
Si, tendría diez años como mucho. Era pobre, estaba solo, debajo de la lluvia, con un viaje largo a tracción sanguínea, metido en un pequeño pueblo, y aun así reventaba de alegría al son de un tema que jamás conoceré.
Yo, con mi mirada y mi memoria llena de situaciones vividas, no sabía si encarar hacia la admiración, o tirarme a chanta en la lástima. Por momento pensaba correcto el frenar mi auto y advertirle todos los riesgos de la vida. Así como los viejos nos agarran en las fiestas y nos cuentan toda su historieta, esperando que tenga influencia en nosotros.
Por otro lado, lo veía en una quietud, en una paz, y en una serenidad que me hacían preguntarme quién demonios era yo para creer que tenía la verdad comprada.
Conozco y conocía su destino como la palma de mi mano. Y aunque muchos me digan que será un triunfador, todos en el fondo sabemos que terminara labrando la tierra de otros, rezando a dios y a maría santísima por conservar su empleo, y poseer cosas que al noventa por ciento de la humanidad le parecen normales.
Esto no quiere decir que en la economía este la felicidad, ni mucho menos, sino que en el progreso y en el esplendor de quienes pueden alcanzar su potencial máximo, solo reside el orgullo propio.
Mientras seguía en el camino, me sentí vacio, incompleto, insatisfecho conmigo mismo. ¿Cómo era posible que ese chico cantara bajo la lluvia? ¿Qué cosa en este mundo es capaz de arremeter contra un pobre desamparado, que debajo del agua aun es feliz? Nada, absolutamente nada.
Y mientras ese chico cantaba bajo la lluvia, se me achicharraba la cabeza, el corazón, y la garganta. Porque me sabia envidioso de su don, de su normalidad, y de su felicidad como método de vida, y no como un estado.
Y recordé allí, precisamente en ese momento, una historia que me contaron hace mucho tiempo. Una historia que habla de la incapacidad de ser feliz, de la necesidad de ser feliz, del deseo de ser feliz, y del riesgo de ser feliz.
La misma transcurre en un casino. Un hombre se acerca a una ruleta, y apuesta todo su dinero a un numero. El croupier tira la bola de marfil, y cae exactamente en el numero que este señor había apostado su dinero.
Coge todas las ganancias, y se acerca a otra ruleta. Hace exactamente la misma jugada que en la mesa anterior. Y para sorpresa de él, vuelve a ganar.
Nuevamente agarra su dinero, y se dirige rápidamente a la tercera mesa a jugarle al mismo número. Y colocando todo su dinero, gana una vez más.
Desesperado toma todas sus fichas, y va a una cuarta mesa a repetir la misma jugada. Increíblemente vuelve a salir el mismo número y es ganador.
Ya con un tendal enorme de fichas, se acerca a la última mesa de ruleta, y coloca todo el dineral en el mismo número de toda la noche. El croupier lo mira serio, esperando la aprobación de la fastuosa jugada, y tira la bola. La misma se clava directamente en el numero ganador, y el hombre termina ganando un dineral increíble con el que vivir toda su vida.
Finalmente, recoge todas sus fichas, se acerca a la caja y la cambia por efectivo. El cajero le hace entrega de una suma millonaria, y el hombre se retira a su habitación.
Contento abre la puerta de la mejor suite que el dinero puede pagar, deposita el maletín en un lugar seguro, y se tira en la cama con su bolso. Se sonríe, comienza a gritar de la felicidad y la emoción, y se toma la cabeza. Mete la mano en uno de los bolsillos, saca un arma, y se pega un tiro.
¿Qué paso? ¿Cómo? ¿Por qué haría algo así? Esto de lo que les estoy hablando, aunque este resumido de forma práctica, es un estudio científico aplicado a las causas sociales.
Lo que importa, no es la muerte del hombre, es sino la búsqueda de él. Algunos dicen que fue directamente a perder. Otros dicen que necesitaba vivir emociones fuertes. Estará quien piense que era un loco. Y también el que crea que poseía una enfermedad terminal.
Lo importante de todo, no es nuevamente el casino, el dinero, el tiro en la cabeza, o la emoción fuerte. Lo importante de esta historia, es la que no se ve, la que esta oculta. La que nadie puede entender ni contar.
No es un loco, no es un desquiciado, muchos menos un psicópata. Podría ser un cura, un maestro, y porque no un psicólogo. Pero lo que verdaderamente es llamativo, es la historia oculta que nunca se cuenta, que nunca se ve, y a la cual en determinadas situaciones no le encontramos explicación.
Todos tenemos historias ocultas, todos nos pegamos un tiro en la cabeza. Algunos cogen el dinero en la primera apuesta, otros lo pierden todo. Están quienes habrían repetido la historia, y quienes no pueden comprenderla.
Pero lo espectacular de todo esto, es que es una historia sin explicación. Un cuento sin final. Una verdad encubierta. Es lo que todos somos, mientras intentamos dejar de serlo. Lo que todos queremos ser, mientras somos lo que somos. Lo que todos perdemos, mientras intentamos ganar.
Y en ese intento de intentar ser, siempre aparece nuestra verdad oculta, nuestra historia invisible. Que nos hace pegarnos un tiro en la cabeza, mientras todos se quedan buscando una explicación lógica.
Y allá el nene, allá en el campo el nene en bicicleta. Me hace sentir ahora menos envidioso, sabiendo que su don no es tan distinto al mío. Sabiendo que su felicidad no es tan distinta a la mía. Sabiendo que en algún momento de su vida, el apretara el gatillo igual que yo, que vos, y que todos los seres humanos.
Me deja tranquilo, me duerme en paz, me da la razón que necesito, por que el jamás me conocerá, y yo a él tampoco. Lo único que tendremos en común, es que hay algo de nosotros mismos que nadie puede ver. Como yo no pude ver su felicidad, como el no pudo ver mi angustia. Como dos historias que se cruzan, y nuevamente, no tiene final.











El bobero es la concreción de una policía fantástica e utópica que seria capaz de apresar personas “Bobas”. Es el eslabón perdido entre el Ratón Pérez y el Hombre de la bolsa.
El Bobero es el único mito urbano que no fue creado para la infancia. Es el pedido de auxilio y de socorro de todo lo que no tiene causa de ser más que para uno mismo.
Simplemente un relato de todo lo que aborrecemos, y las ganas de que no exista más. El Bobero es un Delivery de justicia, un cachetazo de sentido común a lo que inevitablemente no podemos dejar de ser; unos bobos.



25 responses so far ↓
1
Joan
// Jan 12, 2010 at 1:34 pm
Agustin: Tu texto nuevamente logra conmoverme y lo releo.
Pero yo creo, que si tuviese que buscarle una explicacion, es que ese hombre se tomo el trabajo de ir a perder. La unica manera de sentirse feliz, era perdiendo, destruyendose. Sino, jamas habria apostado al mismo numero las cinco veces, y estoy seguro que si perdia todo en la quinta apuesta, se hubiese ido feliz, a contarle a todos que casi gana un millon de dolares.
2
Liliana
// Jan 12, 2010 at 1:35 pm
No todos saben ganar. Creo que el secreto de nuestra verdad oculta, es exteriorizarlo, y poderlo ver. asi podriamos usar ese millon de dolares, como dice joan.
3
El Tibu
// Jan 12, 2010 at 1:36 pm
Evidentemente es un loco de mierda. Me chupa un huevo, yo me quedo con eso.
4
El Tibu
// Jan 12, 2010 at 1:36 pm
¿Y el nene? El nene ya se matara a su manera.
5
El Bobero
// Jan 12, 2010 at 1:37 pm
Tibu: A pesar de todo la consigna es vivir, no matar o morir.
6
El Bobero
// Jan 12, 2010 at 1:38 pm
Joan: Comparto tu pensamiento fuertemente. Si bien no todos estamos preparados para ganar, autodestruirnos es un impulso incontrolable. No quiesiera buscarle la logica a esa historia, por que no se la busco casi a ninguna, quisiera que ese sea el final.
7
El Bobero
// Jan 12, 2010 at 1:38 pm
Liliana: Si todo fuese tan simple…
8 La Ruleta de la Vida // Jan 12, 2010 at 1:43 pm
[...] La Ruleta de la Vida elbobero.com/la-ruleta/ por estebanpagani hace 2 segundos [...]
9
Palito Clavo un Clavito
// Jan 12, 2010 at 2:34 pm
Tenes una lucidez mental increible. De verdad. Me encanta.
10
Maria
// Jan 12, 2010 at 2:37 pm
La felicidad de unos puede ser la desgracia de otros!
11
Fernando
// Jan 12, 2010 at 2:38 pm
Mientras uno viaja de Pinamar a Necochea en bermudas y ojotas, llevando la compu en el asiendo delantero, con los Infinit puestos, otros están esperando que sean las 18 para cagarse de calor y volver a sus respectivos hogares (en donde, por lo pronto, ya tengo mi arma preparada)
Saludos!
12
vicky
// Jan 12, 2010 at 4:30 pm
exquisito !!!!
13
Noe
// Jan 12, 2010 at 6:26 pm
“Era increíble que me permitiese ser tan volátil, pero que para afuera de mi mismo, no fuese capaz de vivir absolutamente nada que no sea cierto.”
hermoso texto…
14
Ignatius
// Jan 12, 2010 at 9:07 pm
Una trivialidad: decir “poseer cosas que al noventa por ciento de la humanidad le parecen normales” me parece optimista cuando 25% de la humanidad pasa hambre.
15
Jules
// Jan 12, 2010 at 11:20 pm
Me encanta lo que escribis, no porque este de acuerdo con el 100% de lo que afirmas sino porque me permite reflexionar y darle una segunda lectura a cosas que nos pasan a todos en la vida… son los parentesis buenos del dia a dia …gracias
16
Cerdos y Cerdas
// Jan 13, 2010 at 4:45 am
Me pasó algo muy similar: no podía entender que una persona joven como yo pudiera ser tan feliz viviendo en un pueblo, un pueblo que estaba muerto, enterrado por la tristeza, pero esa persona disfrutaba de vivir ahí…
suponga que esta persona deberá pensar lo mismo, cómo podremos ser feliz los otros que vivimso en la ciudad… ni esa persona, ni yo sabremos el por qué…
Saludos
17
Ramiro
// Jan 13, 2010 at 6:34 am
Para mí hay que aprender a estar solo para poder estar de novio…
He dicho.
Saludos!
18
El Bobero
// Jan 13, 2010 at 6:58 pm
Ramiro: Yo nunca dije absolutamente nada acerca del noviazgo. Lo interesante de la situacion era comprender el final de una historia. Nada mas que eso.
No se a quien va dirigido este mensaje, pero no uses el blog para decir esas idioteces. Relee la historia nuevamente.
19
Maite
// Jan 13, 2010 at 7:47 pm
Me adhiero al bobero. Es una historia que no tiene nada que ver con romances, amor, casamientos. ¿Que tiene que ver una cosa con la otra?
Interpretaron cualquier cosa.
Respecto al texto bob, me parecio genial, es cierto lo que decis. Al escritor muchas veces se le dificulta la relacion de verdades a detallar. No se puede ver absolutamente todo, y creo que tenes razon en dejar un final abierto.
20
Sheli
// Jan 13, 2010 at 7:51 pm
totalmente. al menos yo lo interprete como la felicidad mundana de cosas que nos llenan a una misma. nunca pense que se hablaba de amor.
Eso es lo malo de escribir bobero, que cada uno saca su propia conclusion.
21
muñeca
// Jan 13, 2010 at 7:55 pm
me parece que muchas veces “tenemos U$S1.000.000″ y nos pegamos un tiro y otras andamos bajo la lluvia cantando. y aquello con lo que podemos tener momentos de felicidad es tan personal e íntimo, que lo mejor que podemos intentar es descubrirnos e intentar ser fieles a nosotros mismos, con nuestros auténticos defectos y virtudes…
22
El Bobero
// Jan 13, 2010 at 8:05 pm
Claro Muñeca, exactamente. Pero seguis derrapando y hablando ganzadas.
Lo que estas diciendo, es lo mismo que dije en el texto, precisamente esto: que la felicidad depende de uno mismo, que no podemos buscar el amor propio por fuera. Y que de alguna forma, todos tenemos motivos para ser felices independientemente a los demas.
Por eso no comprendo lo que escribis.
23
Lupe
// Jan 13, 2010 at 9:45 pm
genial,como siempre.
24
muñeca
// Jan 14, 2010 at 7:52 am
si lo que digo es lo mismo que dijiste que en el texto, no comprendo tu incomprensión sobre mi comentario.
y así como cada uno es feliz a su manera, cada cual derrapa como puede o como quiere. Salud Bobero!!
25
Matías
// Jan 14, 2010 at 10:23 am
Vivir, tal cual!, y estar en movimiento. Casualidad que de eso se trate mi ultimo posteo.
Un abrazo
Leave a Comment