Este personaje es muy difícil de reconocer, no por que se camufle muy hábilmente, sino por que comúnmente se lo confunde con otro tipo de persona.
Como mi intención es comenzar a nombrarlo y darle un rol importante en la pagina, lo voy a desglosar, desmenuzar y analizar de pies a cabeza para que todos juntos podamos entenderlo.
El termino “Pata de lana” se uso hasta el momento para describir a aquellas personas que engañan a su pareja, que roban, o que simplemente cometen delitos invisibles.
Pero no es este el “Pata de lana” del cual voy a hablarles, asi que es preciso que pongamos la mente en blanco para echar al viejo “Pata de lana” y darle lugar al nuevo.
El “Pata de lana” no es grasa, ya que no me interesaría clasificar a una persona por esas características, pero de alguna manera roza esta actitud, y si uno lo soltara dentro de un local de ropa de Dolce & Gabana no sabemos como, pero encontraría una prenda fosforescente para vestirse.
A la hora de vestirse siempre prioriza el clima. No le interesa vestir una campera Igloo de esas que les colocan a los nenes de la primaria si de combatir el frió se trata. “El Pata de Lana” ha quedado varado en el tiempo como los perros dálmatas, y generalmente es reconocible por que se viste con ropa que estuvo de moda en los años 90.
A la hora de vestirme elijo lo que este limpio, odio la moda, y jamás me pondría o tendría una actitud que concuerde con esta tendencia de pelotudos, pero es también inaceptable para mis amigos que yo me aparezca con una riñonera en mi estomago y una remera que diga “Camboriu 1995”.
No es pobre, es más, en muchos casos es de clase alta, pero su obsesión por la ropa colorida y por los jeans con tribales es mas fuerte que él.
Otra de las costumbres del “Pata de lana” es elegir la comida por el espacio que ocupa en el estomago. Un test de “Pata de lanez” muy eficiente es mandarlo a comprar facturas. Seguramente retornara con 12 mazacotes enormes sin gusto a nada mas que pan con azúcar, pero se sentirá contento de haber comprado “Lo que mas llena”.
“El Pata de Lana” cree que es mucho mejor trabajar en una empresa multinacional de data entry por un sueldo de $ 500 a ser dueño de una PYME. Su máxima obsesión es la de recibir tickets a fin de mes. No le importa si le dan $ 100 y $ 400 en tickets, ama salir a comer con esos tickets.
Es capaz de burlarse soberbiamente del dueño de una mina de oro, argumentando que él trabaja en Coca – Cola y esta “haciendo carrera”.
Otra de sus características es a la hora de hablar otros idiomas. “El Pata de Lana” puede tener la mejor educación que el dinero puede comprar, pero solo es capaz de aprender el ingles básico. Jamás podrá pronunciar una sola palabra del lunfardo referente a otro idioma, y es tan necio y soberbio que es capaz de corregirle el ingles a Mick Jagger por que dijo “Hi” en vez de “Hellow”.
Este personaje vive totalmente dentro de su propia mente y no acepta correcciones, consejos o ayuda. Tiene una especie de membrana para techos pegada en la cabeza, la cual no permite que nada le entre.
Es ignorante, analfabeto y no tiene sentido común, pero todo esto lo combina con una especie de soberbia que dan ganas de partirle una barra de hormigón en la espalda.
Cuando sale con sus amigos, le pone precio a la noche. Analiza todas las actividades y recopila la suma de dinero que espera o estipula gastar. Jamás pierde la cabeza en una noche loca y se delira medio sueldo en alcohol. “El Pata de Lana” puede estar con una sobredosis de LSD y es capaz de contar el vuelto del peaje.
Otra de sus actividades preferidas es la de consumir tragos de colores. Es adicto al vaso tubular de un metro que venden en los boliches y se siente el rey de la selva pavoneándose por los alrededores con ese andrajoso trago de maracuyá y licor de melón. Cree que es de educado comerse un chicle después de comer, y todos deben tolerar su inmundo aliento a Bazooka de sopa africana sin tener alternativa.
No le gusta la música, y eso es algo que jamás va a cambiar. “El Pata de Lana” no es fan de ningún grupo en especial, sin embargo, esta al tanto de todos los éxitos que suenan en la radio. Jamás en su vida compro un CD, tampoco antes de que apareciera Internet.
No le gusta viajar, y cuando lo hace elige siempre destinos con playa. Es capaz de elegir una semana en Mar del Tuyu antes que un mes en Lisboa, argumentando que ir a Europa es un viaje larguísimo.
Es adepto a los deportes de playa, y de fácil amistad. Siempre se ubica en la playa deambulando cerca de las canchas de futbol o voley a la espera de una victima.
“El Pata de Lana” no sale con muchas mujeres, de hecho conoce a una o dos y se pone de novio para toda la eternidad. Ansia casarse para decirle “La Bruja” y al mes de empezar la relación con su novia “Pata de Lana” ya tienen elegido el lugar de la boda y los nombres de sus indeseables hijos venideros.
Le teme y le escapa desesperadamente a todas las cosas ligadas al azar. En su vida metió una moneda dentro de un slot de casino, jamás trabajaría por cuenta propia y si le llegasen a decir que le regalan un millón de dólares a cambio de su trabajo se sentiría perdido por no recibir su cheque a fin de mes.
En síntesis, seguramente tendrán varios conocidos que son LO “Pata de lana”. Por que esto también puede ramificarse. Hay quienes si bien no son “Pata de Lana”, tienen acciones que son “LO Pata de Lana”.
Ir al cine los miércoles es “Lo Pata de Lana”, ir a comer a un restaurante libre es “Lo Pata de Lana”, comprarse un Golf Gti, pagarlo $ 60.000 y tunearlo es “Lo Pata de Lana”. Se denomina LO, a las acciones provenientes de una persona que no es “Pata de Lana” pero que se comporta como tal.












El bobero es la concreción de una policía fantástica e utópica que seria capaz de apresar personas “Bobas”. Es el eslabón perdido entre el Ratón Pérez y el Hombre de la bolsa.
El Bobero es el único mito urbano que no fue creado para la infancia. Es el pedido de auxilio y de socorro de todo lo que no tiene causa de ser más que para uno mismo.
Simplemente un relato de todo lo que aborrecemos, y las ganas de que no exista más. El Bobero es un Delivery de justicia, un cachetazo de sentido común a lo que inevitablemente no podemos dejar de ser; unos bobos.
